La reciente presentación de Toquinho en Montevideo me hizo pensar en algo, ¿sabrá el parceiro de Vinicius de Moraes que su nombre se ha vuelto un adjetivo y un involuntario aporte a la jerga secreta de los uruguayos?Sin contar el coaccionado lustro de la Provincia Cisplatina, nunca se entrelazaron tanto la cultura brasileña y la cultura rioplatense (que la diferencia entre uruguayos y argentinos la hagan los políticos, los ambientalistas xenófobos y los imbéciles en general, yo no voy a hacerla más que cuando necesite una formalidad administrativa) como en ese período glorioso de los años sesenta en que no sólo surgieron gigantes artísticos en ambos territorios, sino que además -y eran tiempos de difícil intercambio cultural- esos gigantes viajaban de las tierras del español a las tierras del portugués constantemente y sus obras eran conocidas en ciudades de uno u otro lenguaje. Con defectos de traducción, por supuesto; cuando Astor Piazzolla hizo una serie de presentaciones en Río, se ofendió en un principio con esos músicos cariocas que mientras lo abrazaban le decían que era un "filho da puta". Para el autor de 'Invierno Porteño' ese era el más vil de los insultos y demoró en entender la admiración que en realidad intentaban transmitirle esos brasileños que creía unos bocasucia.
Imagínense la escena durante unos segundos: Piazzolla y su quinteto tocando encima del escenario y en el público Vinicius de Moraes, Baden Powell, João Gilberto...
Hoy Brasil y el Río de la Plata se dan la espalda en términos culturales. "Afortunadamente", dan ganas de decir cuando piensa en los intentos de polenización cruzada de Kevin Johansen y Paulinho Moska, pero uno sabe que hay mucho más y que hay ignorancias enormes y casi imposibles de subsanar en este tiempo en el que todo el mundo puede hablar pero que sólo se escucha a los que tienen un megáfono grande, caro y prestado con condiciones. En los sesenta, con discos rayados, giras ebrias y malentendidos idiomáticos, las dos culturas se descubrieron con admiración mutua que incluso puede rastrearse en los tangos cantados por Caetano Veloso o en las guitarras de bossa imposible de Eduardo Mateo. O, por qué no, en la maravillosa 'La bossa nostra' de Les Luthiers.
Cuando yo era niño o adolescente era casi imposible no encontrar en las discotecas de nuestros padres, o en las de los padres de nuestros amigos, algún disco de Vinicius y Toquinho, o de Maria Creuza cantando sus canciones. Recuerdo de muy chico escuchar junto a mis primos el tema 'A Tonga da Mironga Do Kabuletê', encantados tanto por el entusiasmo de su melodía repetitiva como por el hecho de saber que toda su letra era -según explicación de Vinicius- una puteada escrita en un idioma africano imaginario.
(Fast Forward: en 1994 estoy en una posada de Arraial D'Ajuda y su dueño me hace escuchar varias veces 'Tarde Em Itapuã' explicándome, en pleno entusiasmo místico, lo que Vinicius dice al comienzo de la canción: que él y Toquinho estaban tomando unas cachaças en Itapuã cuando de pronto vieron el mundo rodar. El dueño de la posada queda extasiado, pensando en la imagen con la vista perdida mientras escucha la melodía y luego agrega, más terrenalmente: "después las cachaças, probablemente los que rodaban eran ellos".)
Pero vuelvo a la pregunta original; ¿sabrá Toquinho los usos que se le ha dado a su nombre/apodo en estas tierras? Me explico para los extranjeros o los que no tienen amigos enamorados del lenguaje. En algunos círculos, especialmente entre gente que proviene o viaja frecuentemente al interior, el término "toquinho" se refiere menos al parceiro de Vinicius que al hecho de tener un cierto "toque" alcohólico. Es tanto una consideración moderada -el estar medio toquinho significa no estar borracho sino deambular esa frontera en la que los efectos del alcohol empiezan a ser perceptibles para los terceros- como un eufemismo; el que usa el término puede estarse refiriendo a una borrachera tremebunda, sea ajena o propia, pero la relativiza con el medio toquinho (el "toquinho" siempre va acompañado de otro relativizador, el "medio", inevitablemente, no sé por qué). A veces puede ser un poco brutal el referirse a alguien diciendo por ejemplo, "me parece que Isidoro estaba en pedo", en cambio decir "me parece que Isidoro estaba medio (o "un poco") toquinho" es perfectamente aceptable. Uno mismo puede asumir sin vergüenza el haber estado toquinho -aunque se esté refiriendo a una situación en la que se terminó nadando desnudo en la fuente del obelisco- porque el término define un límite tolerable y hasta simpático del consumo de alcohol, esa embriaguez que no molesta a nadie y puede ser asumida como parte del hedonismo semanal o cotidiano sin que nadie quiera internar a nadie. La etimología de la palabra es transparente como pocas en el lenguaje reciente y contiene una pequeña cuota de humor cotidiano que suaviza aún más su carácter eufemístico.
Los maestros canarios de la palabra, seres misteriosos que viven en la oscuridad semi-rural, que inventan distintivos propios para el habla uruguaya -tal vez para compensar la tradicional inquietud lingüística de los porteños- y quienes posiblemente acuñaron este uso inesperado de un nombre propio, en ocasiones pueden integrar al compañero Vinicius a la descripción. Por ejemplo cuando alguien está haciendo un uso excesivamente generoso del término toquinho al referirse a alguien que estaba tan ebrio que no podía distinguir una mesa de comedor de un baño, otro testigo puede corregirlo agregando al maestro Vinicius (cuyo nombre parece propio del más ebrio de los emperadores romanos) y completando el dúo para indicar que, como mínimo, el estado del referido era el doble de lo que el término toquinho abarca.
No es el único caso que el universo de la música popular toca el habla en forma inesperada, hay otro ejemplo -menos extendido pero lo bastante como para no considerarlo perteneciente a un sólo grupo de amigos- que también me fascina: el solonly.
Una vez más es un término más bien eufemístico y para ser utilizado con levedad humorística, y una vez más su procedencia es evidente: la canción "So lonely" de The Police yuxtapuesta con el adjetivo más simple, es decir, con "solo". He escuchado este neologismo extraordinario varias veces, pero inevitablemente en boca de gente relacionada con el interior (y, supongo, con los ya mencionados maestros canarios) y solamente en tono de amable reproche. Solonly o solonely (ignoro la grafía adecuada, siempre es una palabra sola, dicha de un tirón y jamás se percibe la "e" de los términos ingleses originales), sólo se utiliza en el contexto de las frases "Me dejaste (o dejaron) solonly" -que radica la culpa en los otros- o "Me quedé solonly" -que abre la posibilidad de que esa situación haya ocurrido por culpa propia-, y suele ser acompañada de otra comparación que amplifique la situación ("quedé más sólo que el uno"). Casi siempre es referida a una situación colectiva que de pronto deja de serlo y nunca es dicha como lamento doloroso; el idioma español es rico en términos para describir la soledad en forma angustiosa -aunque carece de la diferenciación elemental entre "alone" y "lonely", o siquiera la que existe entre "só" y "sozinho"- y este rebote absurdo de una canción del rubio Sting, no puede -ni debe- ser utilizado en forma dramática.
En todo caso, bluseros orientales, hay un desgarrador tema esperando por ahí a ser escrito y se llama Solonly y toquinho. La letra se escribe sola.
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