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martes, 12 de junio de 2007

Forreando

El dialecto porteño, particularmente el ofensivo, es más rápido y pragmático que el montevideano, y uno cae en porteñismos inevitablemente al comprobar que hay vacíos de expresión que todavía la parole telúrica no ha conseguido rellenar. Uno que se me ha pegado es el verbo "forrear", que condensa la expresión "agarrar de forro" (muy distinta a "agarrar del forro") en una sola palabra, y que describe a la perfección lo que siento que me están haciendo a cada rato cuando entro en contacto con ese bicho al que a veces llamamos la media, y que engloba todas las formas de desinformación masiva. Anoto tres de ejemplos recientes y relacionados al brillante mundo de la música local.

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Jaime Roos se enojó ante la suspicacia de algunas espadas blancas y coloradas que se preguntaban por qué ANCAP había pagado su gira por todo el Uruguay, y si eso no tendría algo que ver con el hecho de que Danilo Astori jr. fuera su representante y, furioso, el bigotudo mandó una carta a El País y a Búsqueda, medios que supongo considerará los más importantes.

Me llaman la atención un par de cosas, una es la curiosa defensa de Jaime, que se podría resumir en recordarle a quienes lo critican que, estando sus partidos en el gobierno, él recibió subvenciones y apoyos estatales mucho más arbitrarios que los de ahora, que pueden justificarse por el convenio comercial que hizo que Fuera de ambiente fuera vendido exclusivamente en las estaciones de servicio de ANCAP. Es decir, que la defensa se podría resumir en un "¿esto les parece turbio? ¡turbias eran las que me mandaba cuando ustedes estaban en el gobierno, caretas!".

Lo otro que me parece destacable es la formidable pluma de Roos a la hora de elaborar argumentos. No mucha gente recuerda hoy en día -yo de hecho llegué a leerlos muchos años después de su edición- los artículos periodísticos que Roos escribía para el semanario Jaque, artículos que se destacaban por la contundencia de su prosa y por esa inteligencia brillante de la que puede dar fe cualquiera que haya tenido la experiencia de entrevistarlo, o al menos de leer una entrevista. Es interesante recordar esta faceta periodística del músico más popular de Uruguay, y recordársela a los que repiten la imbecil cantinela de que los críticos son artistas frustrados, o que creen a priori que alguien que escribe en un medio tiene que, obligatoriamente, ser un incapacitado musical. La carta, convenza o no, es demoledora y por comparación con las argumentaciones de los políticos que lo criticaban termina siendo una prueba más de la asombrosa mediocridad intelectual de la clase política uruguaya, incapaz desde hace décadas de discutir en estos términos, tenga razón o no Roos.

Pero lo que sí me parece una forreada es el pretendido asombro de Roos ante sus acusaciones. Acabo de decir que es un tipo inteligente; ¿pensaba acaso que le iban a dejar sin cobrar el hecho de que emprenda una enorme gira nacional subvencionada por el Estado justo en momentos en que el hijo del Ministro de Economía es su manager? ¿piensa que nadie va a ponerse susceptible a la hora de notar que sus representantes -tanto Bluth como Astori- siempre tienen algún vínculo familiar directísimo con el poder? ¿por qué se le tendría que considerar un intocable ético cuando hasta una buena parte de sus históricos colaboradores y referentes artísticos -"Cheché" Etchenique, Ruben Rada, El Canario Luna- han hecho fulminantes declaraciones públicas -en un medio en el que esto es casi insólito- en su contra? Yo no acuso a nadie, pero es como pasearse con un hacha ensangrentada por 18 de julio y asombrarse porque un policía te haga preguntas. Son las reglas del juego, diría Jorge Rial.

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En la última Rolling Stone sale una reseña del último disco de La Vela puerca, titulado El impulso y comentado para la ocasión por Humphrey Inzillo. Como es inevitable en las reseñas de discos que puedan vender más de 500 ejemplares, todo son elogios para LVP y hay una lluvia de estrellas para la ocasión. No lo escuché -a excepción de un tema que parecía de Weezer hace diez años, con exceso de letra y acordes más simples- así que no voy a opinar sobre aciertos o errores de los elogiosos dictámenes de Inzillo, sino sobre algunos botones de muestra que el periodista pone como ejemplo; escribe "hay frases que pueden quedar impregnadas en el imaginario (rockero) colectivo, como el ganchero "O te rebelás o te consumís", de "El señor"; "La hipocresía se vuelve moda", de "Clones" (con letra del otro cantante, "Cebolla" Cebreiro); o "Colabore para no desaparecer", de "Colabore", un rockito con destino de hit radial".

Ok; yo tengo mi opinión sobre Teysera, me parece un cantante de timbre agradable y con una buena capacidad para generar melodías gancheras (aunque con el vicio de meter una sílaba por negra, haciendo así a la melodía idéntica a la del instrumento que la lleva -generalmente la guitarra-, algo que se banca en Black Sabbath o en The Cows, pero que en este caso puede incordiar un poco), pero que se las ha arreglado para combinar las tres cosas que me molestan más en un letrista: el ingenio pseudo-callejero, el mesianismo consejero en segunda persona y -ahora- la introspección existencialista mediante hachazos de verbos y artículos, es decir, de canciones contaminadas de "yo" y "hagos" (pongan acá cualquier verbo, "camino", "siento", "corro", "lavo", "enderezo", "divago", etc., pero ningún sustantivo ni locación reconocible). Sin embargo es percibido, especialmente en Argentina, como un gran letrista, vaya uno a saber por qué. Personalmente me quedo con Juanse, y si me apuran, hasta con el mismísimo Pelado Cordera.

Pero vuelvo al fragmento reproducido por Inzillo y miro las tres frases reproducidas por él. Sin haber escuchado el disco me niego a creer que no haya tres frases más afortundas en el mismo; de hecho creo que en la única canción que escuché hay dos o tres frases mejores. Como abogado lírico, Inzillo -o amigo da onça- acaba de mandar a su cliente en cana como si fuera el más feroz de los fiscales. Digo yo, me parece. A menos que alguien esté forreando a alguien.

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Leo en El Observador una nota de Gerardo Minutti a los integrantes de Astroboy con el motivo de la salida del nuevo disco de la banda, titulado Big for the City. No, no se imaginen cosas, esto no es un capítulo más de mi supuesta pelea con Astroboy y su máquina de entusiasmo y frescura. De hecho voy a romper una lanza por ellos: hay que tener bastantes huevos para sacar un disco titulado de esa forma en una ciudad cuyo inconsciente colectivo alberga un enorme complejo de inferioridad y que suele estallar en huracanes de resentimiento ante cualquier manifestación de superioridad -pretendida o real- respecto a la férrea (aunque ligeramente resquebrajada en los últimos tiempos) mesocracia cultural. Definirse explícitamente como demasiado "grandes para la ciudad" en otro momento habría sido un completo suicidio comercial en lo local y aún hoy entraña severos riesgos de imagen a no ser que se esté realmente convencido de estar más allá del bien, el mal y la susceptibilidad oriental.

No tengo problemas con eso ni con el contenido de la nota, que mitiga la arrogancia de este lanzamiento mediante la explicación, por parte de los integrantes de la banda, de sus respectivas relaciones de amor-odio con respecto a la capital uruguaya, su pequeño tamaño y su máquina de frustrar grandes expectativas. Soy un enamorado de Montevideo pero también soy de la generación que creció escuchando el Montevideo Agoniza de Los Traidores, de la generación de los cientos de miles de emigrantes, y entiendo a la perfección esa relación de amor-odio que produce esta ciudad; Montevideo es como una chica con las facciones para ser tapa de Vogue pero que terminó haciéndose dar por 200 pesos en un quilombo del Cordón. Es difícil estar enamorado de un objeto de deseo así.

Pero a lo que iba no era ni al disco ni a la entrevista ni a la afectividad ciclotímica de los montevideanos y su ciudad, sino al simple título de la nota que es, digamos, un poco sorprendente: "Un homenaje a Montevideo".

Digo, sáquenmela un cuarto al menos, yo coincido como se ha dicho muchas veces que hasta cagarse en un altar es una suerte de plegaria, pero para llegar a eso hay que hacer un razonamiento un poco complejo y necesariamente contextualizado por un entorno un poco menos literal que las páginas de espectáculos de El Observador. Volviendo al comienzo del post; acá alguien está forreando a alguien, tal vez sea la banda al periodista, el periodista a los lectores, la banda y el periodista al universo, el universo a benito, todos a sí mismos... pero que alguien está forreando a alguien es un hecho. Un disco de una banda uruguaya, grabado totalmente en inglés y titulado Big for the City es un "homenaje a Montevideo". Sí, claro, y lo de las iniciales de 'Lucy in the Sky with Diamonds' fue pura casualidad, y Snoop Doggy Dogg y Dr. Dre estaban homenajeando a las chicas del ghetto cuando escribieron 'Bitches ain't shit'. Y Daniel Viglietti estaba evocando la alegría de un terrateniente al fusionar un campo viejo con uno recién comprado cuando escribió 'A desalambrar'. No digo que me la saquen entera, un cuarto nomás alcanza.